85. Dedicatoria Sorpresa
En mis primeros mails ya escribí sobre los libros de mi padre y la paradoja de «recomprar lo propio», todo un clásico en mi vida, por cierto (tan absurdo como real).
Por si entonces no recibías mis mails, 👉 Aqui te dejo el link, que es interesante 👈 por todo lo que aprenderás del señor Agustín Faus, digo.
(Puedes leerlo ahora y seguir luego, o al final, no es importante el orden. Volveré a poner el enlace abajo)
Entonces comenté por encima que hace unos meses me decidí a hacer algo que llevaba muchos años rondando mi cabeza, y me dí a la tarea de tratar de completar su bibliografía, rebuscando tiendas varias de de libros antiguos para «rescatar» los que me faltaban.
Como apunte, rectificaré, ya que dije entonces que ya los tenía todos, pero no es cierto, he sido incapaz de encontrar dos, ni rastro de ellos, y mira que he barrido internet de abajo arriba.
🔮 Pues ya que estoy, aprovecho, por si la magia surge. Son estos dos:
Cuentos de montaña
Escalada en roca
De los primeros primerísimos, allá por 1950 y quiza hasta antes…
Aquí queda, por si alguna casualidad esto le llega a alguien que los tiene o los puede encontrar
El mensaje de entonces, y de ahora es el mismo… que encoge el corazón…
Verte obligada a comprar libros de tu propio padre, y encima, por descatalogados, que estén viejos, olvidados, rotos, con marcas a saber de qué y algunas dedicatorias a saber a quién, es tan impersonal, tan poco emotivo, tan triste, por que no decirlo claro…
Y por eso toca el corazoncito.
Pero es lo que hay
Momento y experiencia del desapego y la aceptación.
La verdad que mis últimos años están siendo una catársis de desprendimiento obligado, forzado, sorpresivo y abrupto de objetos y valores muy emocionales que me vinculan a mi legado, mi familia, lo más identitario…
Y todo ello viene acompañado de mensajes potentes que voy captando por necesidad.
〉〉Vale, Hellen, pero hoy no toca. No me pongo mística, será otro día 🙌 〈〈
El caso es que entonces pasó algo, que dejé escrito, pero no lancé… Y me parece muy bonito, así que aquí va.
Una de esas noches, rebuscando entre Iberlibro, Todocolección y demás webs de lo antiguo, aluciné al encontrar un «Mis primeras montañas», un libro de los que se encuentran todavía muchos ejemplares, con la peculiaridad de tener primera página abierta, mostrando la dedicatoria del autor.
Y resultó ser una muy especial, porque era, claro, la letra y firma de mi padre firmando ese ejemplar a un gran amigo de la familia, el gran Gonzalo de la Vega.
Periodista, montañero, todo un personaje… y cuya sobrina, Ana, de mi misma edad, fue casi que mi alma gemela en los años adolescentes, vivimos unas cuantas aventuras juntas y de esas personas con las que aunque no te veas, te sigues sintiendo unida de una forma especial, por el cariño y complicidad que se teje en esas primeras amistades.
Tardé segundos en mandarle esa captura por whattsap, pese a ser horas intempestivas de la noche y que llevabamos muchííiíísimo tiempo sin contacto.
Pero respondió rápido, yo creo que entre soñolienta, sorprendida y claramente descolocada.
Esa firma en este libro encontrado de pura chamba entre varios iguales en una tienda de viejo de internet, también a ella le removió cosas inesperadas e inexplicables.
Tras ese primer momento de shock, quedó pendiente un recuperarnos y ponernos al día, y compartir las emociones que nos ha despertado este peculiar hallazgo.
Así son las cosas.
Y lo que no quería dejar de contar, porque me parece hasta entrañable.
De repente, en medio del momento amargo que trae recuerdos que no te gustan, aparece algo que alegra y sorprende sobremanera y llena el alma como lo más grande.
Son estos regalos que vienen de lo que parece más chungo
… O quizá directamente «de ellos» que se las ingenian para enviarnos mensajes de las formas más inesperadas 😊
Abrid los ojos (y el corazón) porque pasar… pasa.
🔗 Y de nuevo, por si quieres hacerlo ahora, el enlace al escrito primero de los libros de mi padre, que recomiendo leer –amor de hija y cultura general-
👉 Sobre los libros de Agustín Faus 👈

