92. Abrirse de piernas también da que pensar…

Abrirse de piernas…

Queda fea la expresión, soy consciente, pero  al final es un gesto absolutamente rutinario que hacemos (o deberíamos) las mujeres al menos una vez al año en la consulta ginecológica. Postura algo incómoda, ciertamente, pero al menos, en este campo, queda a la par de violenta-incómoda-ohmygod a la de los hombres, en esto no hay claras preferencias (o eso me parece). Se ve que el que diseñó el acceso médico a la genitalidad de ambos sexos tuvo la decencia de hacerlo igual de violento para ambos sexos.

>>> NOTA CURIOSA, el corrector me acaba de descubrir que tan solo una T distingue la genialidad de la genialidad… INTERESANTE <<<<

Pero calmaaaa, que no voy a meterme en temas escabrosos.

Todo esto viene porque ayer, que pasé por la inspección anual, hablando con Lola, la doctora con la que llevo tantos años de estrechas intimidades, me dio para este escrito.

A lo tonto, caí en la cuenta que serán unos 24 años siempre con ella. Hablando con Piluca luego, coincidía que vamos al mismo centro aunque distintas doctoras, y que ella de siempre, y que la madre de su doctora era la doctora de su madre (situación muy capicúa), así que mucho más tiempo que yo.

Pero es que para mi, persona en tanto movimiento, cambios y variaciones, que algo fácilmente variable como es un médico, se mantenga durane tanto tiempo es algo bastante especial.

El caso es que desde ser tan jóvenes las dos, jajaja hasta ahora, en todo este tiempo de muy poco contacto (bueno, mucho, pero fuera de la consulta me refiero jajaja, al contacto temporal, me refiero), se ha creado una relación que a mi me mola.

Y diría que a ella también.

Nos hemos caído bien, desde el principio, y eso se nota. Aunque lo que hables se quede entre cuatro paredes de una consulta (y una camilla con artefactos endemoniados).

Yo recuerdo las primeras veces, en mis primeras locuras, los problemas que surgían, sus manos a la cabeza con mis “genialidades” y aguante de bruta (por ejemplo una infección que tuve una vez por un DIU descolocado o algo así, tan gordo como para ir a urgencias, y no llegar a ella hasta 3 días después), una operación de un tumorcillo benigno que se hizo complicadita y acabamos riéndonos con “el bicho” que salió de ahí y que casi bautizamos, porque tenía de todo… ayer me decía que había sido una jabata aguantando los últimos años de regla horrorosa, soportando lo que ella sabe a causa de unos miomas inoportunos e incordiantes que ella quería quitarme y yo me rebelaba como gato panza arriba… hasta que me llegó la bendita menopausia y todo desapareció…

 

Y entre todo esto, médico, siempre salían temas más personales, de viajes, experiencias, de mis procesos casi que vitales, cambios, de lo que hacía o dejaba de hacer…

 

Siempre he pensado que éramos personas que nos llevaríamos genial fuera de la consulta, de cerveza, café o cena, pero lo cierto es que siempre ha sido limitado al centro médico.

 

Y ayer, tras un buen rato comentando, riendo, explicándole lo bien que me encuentro (y no solo de salud) y ella contenta de verlo (y sé que no era de palabra), pensaba y reflexionaba sobre esto…

 

Estas otras relaciones y encuentros que tenemos a lo largo de la vida, que nos unen y nos vinculan, que tienen el contexto que tienen, pero aunque sean efímeros, la regularidad o lo esporádico que sean, no les resta calidad, si no, quizá todo lo contrario.

 

Seguro que tú también tienes de ellas, y cualquier momento es bueno para pensarlas y sentirlas.

Os aseguro que cuando salgo siempre lo hago con una sonrisa en la boca y como diría la canción “el corazón contento”. Mira que me gusta poco ir de médicos y lo evito como la pólvora, pero las citas con ella me producen un buen rollo tremendo, y aparte de lo buena profesional que es (que en verdad lo es) me siento totalmente agradecida por la casualidad de que la primera vez que la jovencita y alocada Hellen llamo para pedir cita le asignaron “la Doctora Dolores Gimenez”.

Pues eso, Lola, que posiblemente no leas esto nunca, o sí, quien sabe, que sepas que estás entre los agradecimientos enormes de la gente que me pone la vida en mi camino, de la que sientes que aporta y hace bien. 

 

Y aprovecho para el momento merecido de reconocimiento: no sólo de ella, sino de todo el grupo de ginecólogas que forman el CENTRO GINECOLÓGICO BOLONIA DE ZARAGOZA.

Increíbles profesionales, mi total recomendación.

Soy cliente desde que estaban a turnos tan solo 3 doctoras en un pequeño local en la calle Moncasi, y he ido viendo la enorme evolución que ha tenido el centro, como ha crecido en instalaciones increíbles, aparatos súper modernos, número de doctoras y sanitarias… y no puedo si no recomendarlo, y estar más que tranquila de que sean mi lugar de cuidado y referencia.

 

Ya veis, donde puede llegar el momento de una rutinaria revisión ginecológica….

Todo en esta vida nos puede hacer que pensar.
Y siempre, siempre, para tratar de hacernos mejores personas y valorar y agradecer las que se cruzan en nuestras vidas.

 

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