119. Paseo por el pasado (Calle de las Encinas)

Spoiler: La «chicha» está al final, tendrás que llegar hasta ahí

PASEO AL PASADO

No pude evitarlo.
Tenía un rato antes del tren, y la llamada era potente.

Estando tan cerca de donde había pasado toda mi infancia, ¿cómo no dar un paseo por «mi barrio»?

 

Los que habéis vivido siempre en la misma ciudad posiblemente no conozcáis esta sensación tan intensa de «volver» a sitios que han sido muy significativos.

Aunque supongo que quien más o quien menos se ha movido algo, a la universidad, algún trabajo, algún lugar al que poder «volver» en alguna ocasión pasados muchos años, y recordar, y dejar ese espacio para la nostalgia, para el recuerdo, para los sentimientos encontrados…

No se, quizá sea yo la romántica que le guste hacer estas cosas, y como he vivido en tantos sitios, es un ejercicio que puedo hacer a menudo en diversos lugares.

Pero creo que estaréis de acuerdo que donde fuimos niños va cargado de un componente emocional especialmente intenso.

Y como llevaba mucho tiempo sin pasar por «mi calle», ayer era un día estupendo para ello.

De entrada, flipé por lo poco que había cambiado.

Muchas casas renovadas, claro, pero las más mías, las más significativas, no.

Es una zona tranquila, de casas unifamiliares, y muchas aún podía identificarlas tal cual estaban ¡¡¡hace más de 40 años!!! que no es poco…

Sin embargo lo que más me llamó ayer fue algo en lo que no había reparado nunca, y me gustaría que me dijerais si ocurre en algún otro lugar que conozcáis dentro de ciudades.

La calle en sí.

El supuesto asfalto, por donde circulan los coches, aquí no existe. -Y ojo, que estamos ya en plena ciudad, una bocacalle de Alfonso XIII, al lado de la plaza del Perú, que no es periférico ni un pueblo- PAVIMENTO EMPEDRADO

Sí, ese de piedras rectangulares bastante poco niveladas. Casi casi como las de los tiempos de los romanos (vale, Hellen, te has pasado, jajajaja)
Ir en bicicleta por ahí era un incordio, es otro de mis recuerdos claros.

¿¿Cómo sigue esto igual??

Quizá esté en más sitios y no me he dado cuenta, ya me diréis. Supongo que se mantiene por la tranquilidad de una zona residencial, que no se pueda circular deprisa porque te dejas las ruedas y los oídos. Y de paso, un ahorro para el ayuntamiento…

Pero aún así, llamativo, ¿no?

 

Después de esto, ya caí en las aceras…

 

¡AY, ESA ACERA MÍA!

Desde mi casa, el número 17, hasta el final de la calle, hay una cuesta abajo importante.

Cuando eres mayor te das cuenta que lo que te parecía grande, no lo era. Me ocurrió con la entrada del garaje, con la ventana de la habitación de mis padres desde donde me controlaban cuando jugaba fuera… ¡y con la acera misma!.

Súper estrecha, y cuando digo estrecha lo digo de verdad, dos personas al lado irán justas y mucho rato tendrán que ponerse en fila india, porque entre farola y farola, hay postes de luz y muchos árboles con los alcorques bastante grandes, reduciendo aún más el espacio entre ellos y el muro de las casas. Si ya le añades la la irregularidad del suelo por elevación de las raíces, las bajantes de las alcantarillas y el deterioro de los años tenemos la «acera imperfecta más perfecta»

En un gesto automático me llevé la mano a los dientes sorprendida… «alucino que estéis todos en su sitio…»

Porque el recuerdo que me vino, era yo de cría, saliendo de casa con mi monopatín verde, tirando por la acera calle abajo pillando una velocidad de vértigo y sorteando todos los árboles y obstáculos hasta llegar al final.
El cómo no me dejé ahí los piños y la mitad de los huesos, me resulta incomprensible. (Bendita infancia y su corte de ángeles de la guarda haciendo horas sin parar… )

Hay muchos más recuerdos de todo el barrio, fui tomando fotos de cada rincón, pero eso será motivo de un post largo cuando tenga más tiempo.

 

Todo esto me lleva a algo bastante importante para todos. Encuentro muy bonito volver a la infancia, a los recuerdos, a hacernos pequeñitos.

Entre otras cosas, porque nos ayuda a relativizar.
A hacer pequeño lo que vemos grande.

Si pudiéramos hablar a nuestro niño de entonces, le diríamos muchas cosas que le ayudarían a crecer y no preocuparse o sufrir tanto. Pero es parte de la vida y del aprendizaje.

Sin embargo sí es útil, muy útil, lo de ver las cosas desde la distancia.

Saber que cuando pase el tiempo todo se verá muy diferente, todo tendrá otro sentido, todo habrá pasado y seguiremos viviendo… todo eso nos da empuje, vitalidad y ánimos para el momento presente. Porque igual que dejamos de ser niños para llegar a adultos, lo que sea que nos preocupe hoy, dejará de hacerlo en un tiempo que avanza rápido, para convertirse en otra cosa.

¿Veis como eso de volver al pasado lanza un mensaje muy interesante?

 

PD
Aquí la calle Encinas de Madrid.
Ampliad y mirad la acera, que no exagero.
Viendo la foto recuerdo que se aparcaba en ambos lados. ¡Uy, eso si que era estrecho para pasar!!

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