AZUL
Mi picó el ver que había un concurso de relatos de «menos de 500 palabras sobre «las Fiestas Navideñas», y fue rápido y automático que recreé, escribiendo y recordando mis últimas navidades en el océano Índico. Lo he enviado al concurso, sin más pretensión, pero me ha gustado el ejercicio, que dejo por aquí.
Contiene algo de ficción y algo decorado, pero la esencia y la base es totalmente real y experiencial… es lo que es.
Aquí va.
AZUL
Siento como un dardo en el ojo.
Es un rayo de sol directo, de esos que dejan burbujitas de colores un buen rato.
Será hora de lanzarse a la vida, pensé, mientras giraba escapando de la lanza de fuego.
Aparto la fina sábana protectora del rocío de la noche.
Piernas al aire, muevo deditos, siguen ahí, los 10. ¡Bien!
Un brazo estirado, el otro, la boca que se abre, los párpados haciéndose a la luz…
Contemplo un increíble cielo azul, con ese sol que ya luce con ganas dando calorcito, susurrando “¡fuera pereza, a disfrutar el día!”
Miro alrededor.
Azul.
Todo es azul, mire donde mire.
Y sonrío. Desde dentro.
Belleza extrema.
El cielo, el horizonte, mi alma.
Todo azul.
Es todo lo que ves cuando estás en medio del mar, la Mar, esa mar que te envuelve y atrapa en su paz y calma … (cuando la tiene, porque enfadada, saca el genio)
Pero hoy es así, sereno.
Mar plano, como un cristal, reflejando todo en una armonía increíble. Luminosidad perfecta, apenas ola, transparencia brutal.
Atraviesa hasta el fondo la mirada, deslizándose entre destellos y peces, que nada tranquilos, ajenos a todo.
Una imagen muy provocadora que dice “ven”
Así que… ¡¡vamos!!
Chapuzón para desperezarse.
Nada más sano, pasar del sueño al agua, refrescar el cuerpo y el alma de una.
Unas brazadas, un par de apneas, dos chapoteos y me tumbo flotando, mirando ese disco amarillo que me ha acariciado con sus buenos días.
Gracias, amigo.
Paz absoluta.
Nada más que nuestro pequeño cascarón en esa línea azul que no termina…
Qué bellezón, pura magia…
El equipo está preparado, me seco rápido con un pareo, café para despertar, saludos de buenos días medio balbuceando, sonrisas, chascarrillos, comentarios sobre las expectativas, planificación…
Nos vamos al agua, bien al fondo.
Lanzarse al AZUL es una experiencia mágica.
Indescriptible.
Nunca sabes qué va a ocurrir, qué vas a encontrar, con qué te va a sorprender.
Porque siempre sorprende.
Abruma, acoge, abraza, te llena de plenitud, energía, humildad.
Y de sales y minerales de todo tipo que tu cuerpo recibe con enorme gratitud
Es el momento de la soledad auténtica y proveedora, del contacto íntimo tú a tú con el organismo vivo más grande de nuestro planeta -mal llamado tierra-, del reconocimiento de la insignificancia ante la inmensidad.
Y en ese formar parte de un uno que es el océano, de repente mis pensamientos conectan con algo muy distinto, muy extraño.
¡Es Navidad!
¡Qué contraste!
Imagino medio mundo forrado de ropa corriendo desatado por las calles con afán desmedido de comprar no se sabe qué, entre luces artificiales y músicas desacompasadas.
Puestas de largo, manteles oliendo a alcanfor, cuberterías de plata.
Excesos, encuentros, piques, desencuentros.
Regalos que no necesitamos, sonrisas forzadas, abrazos muy sentidos.
Se llorará por los que no están, se brindará por los presentes.
Pero nada cambiará.
Porque lo especial está en otro lugar.
Donde no hay navidad.
Solo vida.
Solo uno.
Solo AZUL