Escenas de aeropuerto

Aeropuerto de Birmingham. Esperando el embarque, nos acoplamos en la otra mitad de una mesa que queda libre, sobre ella bandejas, vasos de plástico a medio acabar, jaleo típico de terminal. Nos sentamos, móvil en mano, haciendo tiempo.

A mi izquierda tres chicos jóvenes leyendo. No el móvil, si no un librito. Me llama bastante la atención, «jóvenes» «leyendo» «libro»… es una combinación extraña…

Me fijo un poco más y veo que los tres están con el  mismo librillo en la mano, y veo el título :

“How to perform Umrah”

Les miro a ellos, a ver cómo son, y sí, claramente de rasgos tipo árabe, y ya observando detalles, el resto no deja duda.

Uno viste túnica blanca. Los otros también túnica, pero gris oscura. Los tres van con chanclas (y calcetines), aunque seguro que llevan las zapatillas deportivas en la mochila. 

Hablan en inglés. 

Leen en inglés.

Sonríen, comentan algo, cruzan alguna palabra, pero pocas. 

Están concentrados.

Justo detrás suyo, el cartel luminoso de una moderna cafetería típica de aeropuerto.

Me quedo mirando la escena. Con cierto disimulo, escudada en mi móvil, pero encuadrando el detalle.

Me resulta curioso. Y como yo soy curiosa por naturaleza, le pregunto a mi Chato qué es eso del Umrah que les tiene tan ensimismados.

Esto me cuenta:

La Umrah es una peregrinación islámica a La Meca, en Arabia Saudí. 

No es el Hajj, la gran peregrinación obligatoria para hacer al menos una vez en la vida  sino una versión más corta que puede hacerse en cualquier época del año. Consiste básicamente en varios rituales alrededor de la Kaaba (el cubo negro de la plaza)  en la Meca. 

1. Entrar en estado de “Ihram”, un estado espiritual y físico de pureza.

2.Tawaf. Dar 7 vueltas alrededor de la Kaaba.

3. Sa’i. Caminar 7 veces entre dos puntos llamados Safa y Marwah, recordando una historia bíblica del Islam.

Con eso se completa la Umrah.

Cuando entran en estado de ihram, los hombres se rapan, las mujeres se  cortan un pequeño mechón. Visten prendas muy simples, sin costuras elaboradas, sin marcas, sin jerarquías. Representa la igualdad, no hay estatus, trajes, relojes caros, queda fuera el personaje. 

Las chanclas no son casualidad tampoco. Es sencillez práctica y coherente con el ritual.

(Chat GPT dixit)

 

Vale, pues acabo de aprender algo que no sabía.
Había visto muchas veces gente con indumentarias del estilo, pero la verdad que nunca me había preguntado exactamente qué sería. Así que ahora ya lo sé y todavía me resulta aún más curioso, y con un mensaje potente:

En un aeropuerto donde todo grita consumo, imagen, marca, estatus… me encuentro a tres chicos como ajenos al ambiente, vestidos de manera casi neutra, leyendo cómo despojarse de todo en una especie de purificación.

Ignoro cuanta coherencia habrá en sus vidas, pero ya no me he resistido, y viendo que se les veía agradables, les he preguntado directamente, a ver que me contaban ellos.

Creo que se han asombrado un poco con la pregunta, pero me han respondido con ganas, contándome a su manera lo mismo que la IA me había descrito.  Y lo que he percibido en su forma de hablar y explicarlo, era ilusión u creencia absoluta. 

“Es un tipo de peregrinación, como hacerse una limpieza. Y vuelves renovado”  me decían. 

 

Es llamativo que, gente tan joven participe con motivación de temas religiosos y espirituales.

Un gran contraste con todo lo que se muestra a nuestro alrededor, -sin entrar en mas detalles-.

Y como ya estaba con el ojo activado, me he dado cuenta que mirando una de las pantallas de las puertas de embarque de los vuelos, había otro grupo de gente, con una indumentaria similar, de fisonomía más hindu, pero igualmente con chanclas aunque sin calcetines. Grupos como estos se ven muchas veces en aeropuertos, y sé que van a algún tipo de ceremonia. Y efectivamente, todos se dirigen a la Meca, a su gran centro de encuentro espiritual.

Van tapados (porque ir «vestidos» sería demasiado decir) con unas grandes telas blancas, que me recuerdan a esas colchas de verano como con relieves, que había en nuestras casas hace muchos años. Son dos piezas, una para la parte de abajo, y la otra para torso y hombros. Debajo no llevan nada, se ven torsos desnudos en cuanto se recolocan el telar, algo que necesitan ir haciendo continuamente. Supongo que algo de ropa interior si llevarán, pero a tanto no he llegado. El hecho es el mismos, ir con las máxima simplicidad, que no de lugar a distinciones.

Llevan sus maletas con ruedas y dentro, me apuesto, a todo lo «normal» con lo que conviven cada día, pero hoy me ha chocado la imagen: Personas vestidas como en la antigüedad, preparándose para un acto espiritual que de más de 1.400 años.

 

Así son los aeropuertos: Una mezcla infinita de personas y personajes, coincidiendo y transitando por los mismos pasillos, con vidas y motivaciones tan absolutamente dispares.

Lugares donde coinciden los que van, los que vuelven, los que empiezan, los que cierran etapas, lo que las comienzan, los que huyen, anhelan, esperan, desesperan, confían o reniegan. 

Los que no miran y los que observamos.

 

Está claro que viajar no es sólo cambiar de coordenadas o moverte por husos horarios.

También es cambiar de estado vital y permitir que cualquier experiencia te interpele, te cuestione, te cambie.

Algo tan sencillo como una mesa compartida en una sala de aeropuerto puede recordar que el mayor viaje es el que transitamos dentro de cada uno y que cada cual tenemos que vivir el nuestro.

 

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