Newsletters

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56. Comprar casas para romperlas
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55. Sin correo de Navidad
3
54. Kuala Lumpur, una sorpresa en el camino
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53. La vida perfecta que no lo es
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52. Cousteau se equivocó
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51. Incongruente
7
50. Un cuaderno de Suiza

55. Sin correo de Navidad

Me he dado cuenta que el días 25 de diciembre, Navidad, no salió el email.

Estaba escrito y programado para salir a la hora prevista, como hago cuando no puedo enviarlo en el momento justo.

Pero, por lo que fuera, no se mandó, y no pienso investigar por qué.

Quizá fue la plataforma que tuvo un bug justo en el momento que creía haberlo dejado listo….

O quizá sea un mensaje que quisiera marcar un simbolismo.

Porque ya que que soy una grunchy de la Navidad y no me gustan estas fiestas, que precisamente se saltara la del día 25 tiene su aquel, ¿no?

Ese día escribía con cierta nostalgia aunque lo pinté luego de otro color para que no se notara tanto…

Y como no quiero que se pierda su lugar, lo convertí en post, y aquí va el enlace de lo que tuvo que llegar el día que correspondía ese recuerdo.

POR LOS AUSENTES Y POR LOS PRESENTES

Para que los que no están, no se escabullan de seguir presentes

 

 

54. Kuala Lumpur, una sorpresa en el camino

No estaba planeado. Pero las cosas salen así y yo soy mucho de lo que surja, así que como el vuelo hacía escala aquí antes de continuar, por qué no un stop over para conocer una pizquita de esta ciudad.

Será por haber llegado de noche, con todos los enormes edificios iluminados y encontrar la sorpresa de las Petronas con todo su brillo reflejándose en la lamina de la piscina de un piso 52.

O por salir a las 1 de la madrugada para cenar algo, y poder elegir donde ir, sin prisas, sn problemas, con un variedad enorme para decidir y pasar un velada tan agradable como inesperada, y volver al hotel muy avanzada la madrugada, al cobijo de los interminables rascacielos.

Será que tocaba encandilarse de una ciudad tan llena de luces, vida, contrastes.

Porque es un contraste absoluto pasar del fondo del mar, del horizonte azul infinito, la vida tranquila y naturaleza absoluta, al Skyline recortado hasta donde casi no llega la mirada, con luces de inimaginables colores y formas y una actividad imparable.

No importa que sea un pisar chufa y seguir. Estos contactos rápidos, inesperados, que sorprenden, divierten y entretienen ponen la chispa a un cambio de país de destino, de lugar y son como un chute de energía viajera.

No me hace falta ver mucho más de momento, para deciros que KL (iniciales de la capital de Malasia), tiene que ser un «obligado» para destinos de larga distancia.

Absolutamente, merece el kit kat y perderse un poco por sus calles, dejándose embriagar por las alturas, los neones y la imponente obra del la arquitectura humana.

Desde ya, nueva recomendación para los que se dejen aconsejar.
Porque no es lo mismo «imaginar» que «experienciar»

PD1.

Ayer me sentía pequeña, ser «nada» en la inmensidad del océano.
Hoy me siento pequeña, ser «nada» en la inmensidad de esta ciudad.

Da igual dónde ni cómo, si tomamos consciencia de lo insignificantes que somos, el tamaño de nuestros problemas o quebraderos de cabeza se reduce proporcionalmente a la inmensidad que nos rodea, sea Natural o Humana, hasta hacerse apenas perceptible…

PD2.
No hay como conocer para poder recomendar y valorar.

53. La vida perfecta que no lo es

Anoche, hablando con un francés con el que hemos coincidido buceando, me decía que tenía una vida perfecta: libertad, dinero, trabajo que le gusta, mucho mundo de aquí allá, hijos bien compaginados con sus viajes… todo.

Pero algo no encajaba del todo.

Cuando le conté cómo viajamos en ViajarSolo y BuceoyViajes, cómo se crean conexiones reales entre personas que coinciden y comparten, se le iluminó la mirada. Tal cual. Lo vi claramente aunque estaba oscuro.

Y entonces me reconoció que eso le faltaba:

Vínculos, relaciones, gente.

Y que si podría viajar con nosotros.

Ahí entendí dos cosas: que casi nadie lo tiene todo (aunque lo diga)

Y que lo que he creado no es solo un negocio, sino una manera bonita de conectar personas, una obra buena para el mundo en que vivimos.

Y me siento muy bien.

PD1.
Esta es la esencia. En el blog, me he extendido más, por si te quedas con ganas de saber cómo discurrió todo.
Aquí: «no hay vidas perfectas»

PD2.
Y no digas que no conoces mis «criaturas», porque eso sí sería pecado 😉. Aunque a tí no te hagan falta, siempre puedes conocer alguien que tenga una vida perfecta… pero no lo sea tanto 🫣
ViajarSolo
Buceoyviajes

52. Cousteau se equivocó

«El mundo del silencio»

Así es como Cousteau definía el fondo del mar, y hasta es el título de uno de sus libros, escribiendo lo que veía «ahí abajo», así lo hemos entendido siempre.

Sin embargo… ES MENTIRA

El mar no sólo suena en el exterior, con su movimiento de las olas.
No.
Debajo del agua, hay toda una sinfonía de sonidos con una intensidad enorme.

 

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51. Incongruente

INCONGRUENTE.
SOY TOTALMENTE INCONGRUENTE.
LO SIENTO SI DECEPCIONO  😞

Hace bien pocos días me puse muy crítica con las construcciones hoteleras de la isla de Maldivas en la que me encuentro, en Guraidhoo concretamente.

Una isla a la que llevo viniendo muchos años, y que por tanto he visto evolucionar (aunque para mi gusto es todo lo contrario a la evolución). Pasar desde únicamente las casas locales y alguna tiendecita, ir ampliando servicios, edificios, casas, hasta llegar a lo que es ahora, y todo lo que será en un periodo corto de tiempo.

En varias ocasiones he hablado de ello, en este mismo blog, he publicado algún video (pincha aquí y verás uno de hace tan solo unos meses), en mis estados de whatsapp y también en Facebook claro.

Y precisamente hoy he actuado de una forma contraria. Pero también lo he grabado y os hablo de ello, porque si soy clara para unas cosas, debo serlo para otras.

¿Oportunidad de callarse?
No. Oportunidad de aprender.
Siempre hay oportunidades para reflexionar, pensar y aprender

Aquí lo cuento

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50. Un cuaderno de Suiza

De niña tenía una extraña obsesión con «las cosas de papelería». Me encantaban y especialmente lo que no había en España, lo que era diferente.

La suerte de haber nacido en una familia tan viajera en este caso se traducía en que, cualquiera que fuera el destino de donde vinieran mis padres, siempre para la cría (yo) había «cosas de papelería». Esperaba con auténtica expectativa el momento abrir las maletas y desenvolver eso que me hacía más ilusión que cualquier otro regalo, por bueno que fuera.

Lo que más me hacía vibrar eran los cuadernos de Suiza. Muy gorditos, sin espiral, de cuadritos algo más grandes que los de España, pero con las líneas muy finas, como me gustaba. Pero lo que los hacía realmente diferentes es que la cuadrícula no ocupaba toda la página, había un recuadro blanco en todo el borde y eso me parecía lo más bonito y especial del mundo.

Jamás los usaba para el cole, los guardaba como oro para alguna ocasión muy especial… Ocasión que nunca encontraba, porque no quería «estropearlos» y así acumulaban en mi estantería, nuevos, brillantes, de colores, a la espera de su debut con paciencia y confianza.

Hasta que ocurrió.

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