Nochevieja en Tailandia, farolillos y simbologías
31 de diciembre en Chiang Mai, Tailandia.
Una forma diferente de celebrar un fin de año y bienvenida del nuevo.
No hay uvas. Hay farolillos.
Que suben al cielo al quemarse, impulsados con nuestros deseos, para que lleguen allá donde nuestra mirada se pierde, mientras ellos siguen subiendo…
Le encuentro una gran simbología, bien representativa para un día como este, en el que tenemos a cerrar lo viejo y abrirnos a lo nuevo. Realmente es un día sin más, pero los humanos lo hacemos especial de alguna forma, necesitamos fiestas, celebrar, eventos o motivos de encuentro y celebraciones y cada lugar elige sus formas peculiares de hacerlo. Y en nuestra vida deberíamos hacer igual.
Es una estructura muy sencilla y frágil de fino papel con unos alambres en la base que sujetan un trozo de cartón, nada más. Se quema el cartón y sólo cuando está todo quemado, en el círculo completo, el humo y la combustión de gases hacen el resto. Puedes soltarlo y comenzará a volar, a subir hacia el cielo y no detenerse. Como se hace denoche, para que el efecto sea mágico, la llama que no se apaga ilumina el cilindro, que según se aleja hacia lo alto se va transformando en un puntito naranja, como si fuera una estrella más del cielo, con un color mucho más intenso, mucho más luminoso.
El efecto visual es realmente bonito, y verlos subir, elevarse, ir perdiendo su forma para convertirse en un punto, con tus deseos ahí prendidos, una sensación muy bella. No es tan sencillo que vuelen, si no quema bien, o quien sabe qué puede pasar, algunos no se elevan, o al hacerlo caen enseguida al agua o a la tierra… Por eso ver que sube es emocionante.
Aquí puedes ver un video del efecto, de las emociones, de lo que fue…
QUEMAR PARA VOLAR
Y yo pienso que algo así es lo que pasa en la vida, y lo que debe ser un fin de ciclo, sea año o sea cualquier momento personal.
Hay que «quemar» lo que ya no sirve, lo que no vale, no aporta ya o hizo daño, o simplemente está ya caduco…
Pero no desaparece, porque forma parte de nosotros, y como tal, su «combustión» es la que hará que podamos volar y salir mucho más arriba, movernos y evolucionar. Tener otra luz, y nuevas experiencias. Pero todo parte de lo que ha habido antes, sin ello, nos quedaríamos estancados.
Soltar, liberar, y con lo aprendido, como base, ya si, elevarnos y avanzar.
Me parece una preciosa simbología muy aplicable a todo.
Y si, también, como los farolillos que se caen y que no terminan de volar, muchos deseos quedan en el camino. Pero eso también es parte de la vida, porque no todo tiene que llegar alto.











