10 de enero: un triste aniversario
10 de enero, esos aniversarios que no son para celebrar.
Eran las 9 de la mañana más o menos, acababa de bajar a la agencia cuando me llamó mi hermana, «Hellen, corre, ven, que mamá se ha puesto muy mala»
Me dio el pálpito… Dejé a Claudia sola, subí a casa, agarré las llaves del coche con los nervios en punta y corrí como una loca los 15 km que separaban mi casa en pleno centro de Zaragoza de la de mis padres en las Lomas, a las afueras.
Cuando llegué estaba la ambulancia del 112 y los enfermeros fuera.
Me esperaban a mi, tal como les pidió Ana, imaginando que me iba a dar el síncope al ver que mamá no estaba enferma…
Es que ya no estaba.
No me dio, y se pudieron ir sin tener que atenderme a mi, ni nada más que hacer por mi madre.
Realmente no sé que me dio.
Verla en la cama, sin decirme qué tal, hijuca, no te preocupoes por nada, fue devastador...
No se si lloré, si grité, o enmudecí…
Solo se que le agarré la mano, me acosté sobre su pecho, empezaba a estar fría y le daba besos diciendo que no podía ser.
Pero fue.
Un 10 de enero, en 2008.
Hacía 5 días que habíamos celebrado mi 40 cumpleaños tan normales.
Nadie se imaginaba que sería la última celebración de toda la familia, que a raíz de su partida todo lo que ella unía y mantenía se resquebrajó y quedó hecho pedazos.
El día anterior volvía de Huesca por la noche de estar con unas amigas y cen una tienda muy chula había encontrado un abrigo y una blusa que me compré y ella me dijo que me lo regalaba por mi cumple.
Aunque era tarde, como pasaba de camino, le llamé para preguntarle si quería que se lo enseñara. Me dijo que estaba ya en la cama, casi dormida, que estaba algo resfriada y no se encontraba muy bien.
Ya mañana me lo enseñas, Hellen…
Y, sin saberlo, esa fue la última conversación, porque ese mañana fue totalmente distinto.
UNA PEQUEÑA GRAN MUJER
Mi madre era una mujer súper fuerte, en un cuerpo muy menudo. Tuvo que pelear con muchas cosas, yo se algunas, pero intuyo que había muchas más. No tuvo una vida muy fácil, y ahora que sé que el cuerpo habla lo que la mente calla, entiendo muchas de sus enfermedades.
Vivió 30-35 años de regalo. Toda mi vida, realmente.
Contaba que cuando yo nací, como fue inducida y tuvieron que ponerle anestesia, tuvo un sueño precioso, con una especie de lago, con cisnes increíblemente bonitos, explicaba siempre, y una paz absoluta, de la que no quería irse. Como que alguien le decia que no podía quedarse, que tenía que salir de ahí, pero ella se resistía… «era tan maravilloso, nunca he sentido algo igual», decía siempre cuando hablaba de esto.
Esta experiencia suya es algo común con la gente que ha tenido ECM (Experiencias cercanas a la muerte)*.
Pero aunque quería quedarse y se enfadó y le dio rabia tener que dejar ese lugar maravilloso, «pensó» que cómo iba a dejar a esta criatura recién nacida (yo) sola, con mi padre, que era buena gente y excelente montañero y escritor, sí, pero un poco desastrillo para las cosas de casa 😉
Asi que volvió ella.
Y volví también yo, que fue complicado salir al mundo, con 3 vueltas de cordón al cuello.
Quizá esa experiencia doble en un momento tan culmen nos unió a las dos aún mas de lo que están unidas una madre y una hija.
Pero más adelante, teniendo yo 8 años, fue otra muestra de su fortaleza y resistencia y sobre todo responsabilidad y amor de madre.
De niña yo recuerdo siempre a mi madre con problemas de salud; de muy cría recuerdo que tenía mareos, de repente se caía, más adelante le afectó a la respiración, tenía un asma bronquítica, que le llamaban entonces muy fuerte, y siempre iba pegada a su ventolín, le costaba mucho respirar.
Estuvo bastantes veces ingresada en la UCI porque le daban ataques de asma tremendamente fuertes, había que correr con ella al hospital y cuando entraba sabíamos que iba a estar varios días sin salir.
En uno de estos ingresos, especialmente largo, no daban nada por su vida. Recuerdo como estando en el hospital con mi padre y hermana, vino un médico y una enfermera, se sentaron a mi lado a hablar conmigo, con dulzura. Era un momento complicado intentar explicar a una cría de 8 años que su mamá estaba muy malita y seguramente no la viera más, pero que me quedaba con mi papá, y cuidarían bien de mi…
Pero mi madre también pensó eso de «cómo voy a dejar a esta criatura tan pequeña sola»… Y contra todo pronóstico, de esa también se recuperó.
Con los años se le fue pasando bastante el asma, no sé si alguna medicación o el estilo de vida o lo que fuera. Pero su corazón, que había estado tantas veces luchando por seguir adelante, se había desgastado mucho y le pasaba factura. Había trabajando tanto y tan intensamente esos años en que había que dar un chute extra a unos pulmones que no circulaban el aire necesario, que se había quedao muy tocado. Nos dió algun susto bastante más adelante, pero luego con control y medicación, aunque seguía flojita, ahí quedó y siguió dándonos todo su ser.
Hasta ese 10 de enero fatídico, tras un año y época emocionalmente muy complicada y dolorosa para ella con temas de familia que le estocaron el ya afectado corazón… los sobrinos y el dichoso piso de mis abuelos, su queridísima cuñada Niva y líos de herencia muy mal entendidos, un juicio horroroso por una operación de venta de una casa muy mal aconsejada que no hizo más que complicarse hasta salir todo lo peor que podría haber salido y muchas otras situaciones que le empujaban a decir «ya no tengo ganas de vivir… ojalá me fuera ya».
Y se fue.
Y nos dejó.
Y yo me quedé tremendamente sola, desgarrada, sin la persona más importante de mi vida, con la que tenía una complicidad, conexión, unión y vínculo muy fuerte, muy intenso, muy forjado en situaciones muy complicadas que vivimos ella y yo sin que nadie más supiera y que nos creó una relación mucho más estrecha de las que tienen una madre y una hija, pero que sólo ella y yo sabíamos. Era nuestro secreto… y lo sigue siendo.
TRISTE ANIVERSARIO
18 años ya de ese día terrorífico que tuvo unas secuelas aún más feas.
No se pasa, no se cura, no se olvida.
Me dejó huérfana a tan solo 5 días de mis 40, y a tan solo 5 días de que ella hubiera cumplido 75 según su DNI, y 78 desde su nacimiento (sí, tenía una pequeña trampita, mi madre era muy recelosa de la edad, siempre lo fue…).
No era una jovenzuela, pero tampoco tan mayor. Estaba flojita esos últimos años, más delgadita que nunca, se cansaba, tenía pocas ganas de hacer muchas cosas, pero más que por salud era por todo lo que estaba pasando alrededor.
Sí, estaba castigada, física y emocionalmente.
Un corazón que había cargado demasiado y una cabeza muy bien amueblada, recta y justa, que no concebía lo que no estuviera bien… Y empezaba a ver demasiadas cosas que no estababan bien, y en las que ella ya veía que no podía hacer nada. Y se fue dejando.
Y nos dejó.
Pero hace no mucho, con todo lo que he ido descubriendo, sintiendo y entendiendo, sé que nunca me dejó.
Ha hecho su camino, pero de algún modo su alma sigue muy conectada con la mía. Ahora entiendo algunas cosas y me reconfortan y hacen sonreír por dentro.
En este mundo cada uno tenemos nuestro camino, rol, misión y plan.
Ella cumplió el suyo, yo sigo con el mío, y cuando yo termine por aquí, nuestras almas, nuestras esencias, como quiera que se le llame, volverán a encontrarse.
Lo se, podeis llamarme loca, me da igual. Hay algunas certezas que de repente llegan y se sienten, y no hace falta explicar ni pretender que otros entiendan.
Cada cual tiene su camino.
El caso es que hoy es ese aniversario que no me gusta celebrar, yo que soy de celebrar todo lo que es significativo. Pero sí recordar, y revivir, y soltar alguna lágrima, y desear que estuviera a mi lado y poderle contar tantas cosas y escuchar sus opiniones tan sensatas siempre.
Sita, Mamá, ya lo sabes, pero me gusta decirlo… Te echamos mucho de menos.
Me faltas mucho, aunque nunca estaré lo suficientemente agradecida por haber estado a mi lado esos 40 años, luchando contra lo más complicado para no abandonarme ni dejarme sola de bebé, de niña…
Mi vida habría sido tan distinta si no hubieras tenido esa fuerza, ese compromiso…
Hoy podría ser un días triste, pero no lo es.
Es un día para agradecer infinitamente la verdadera esencia del cariño, del amor más puro, del poner al otro por encima de uno mismo, de desvivirse para que otros vivan, de no abandonarse para no abandonar…
Estoy tan orgullosa y feliz de que hayas sido mi madre, mi referencia, mi punto de apoyo, mi ejemplo…
Sita, Mamá… Otro 10 de enero para recordar lo importante que fuiste en mi vida.
PD
Sobre las ECM y lo que somos o dejamos de ser, recomiendo encarecidamente leer o escuchar a Joaquín Cámara, que lleva muchos años investigando y explicando de una manera tremendamente sencilla lo que parece que nos cuesta entender. A mi personalmente me ha dado una luz y sentido tremendo.
Su libro «Una vida Infinita» es de lo mejorcito que podréis leer.
O cualquiera de sus videos en Youtube, de cientos de entrevistas.
Pero ojo, que os puede adentrar en algo muy potente. Posiblemente no valga para cualquiera.
Cada cual tenemos nuestro camino 🙂























