82. Gente que se esconde. Gente que se muestra

Hay personas que se esconden, que huyen de su propia realidad.

Que sufren por ser lo que son, que no se permiten sentir lo más auténtico propio, que tapan su ser más profundo con mil y una capas, hasta el punto que jamás imaginarías lo que hay de verdad en su vida, Y ni los más cercanos conocen de verdad.

Que aunque sean cosas de lo más normales, bonitas y disfrutables, lo vuven desde el bloqueo y el temor. Se justifican con sus sufrimientos y situaciones duras, de esas que todos tenemos, para no dejarse ser ellas mismas. En lugar de aprender de ello, se avergÜenzan, se esconden, se tapan, tratan de ignorarlo, incluso, ante sí mismos.

Hay otras, sin embargo, que hacen totalmente lo contrario.

 

Personas que se muestran tal como son, como sienten, como entienden el mundo, y buscan compartirlo y expresarlo.
Y precisamente por no hacerlo, por no esconderse ni taparlo, dan luz alrededor.

Personas que viven sus sentimientos, sus vivencias, sus experiencias, con la normalidad de que todo lo que nos pasa en la vida tiene un sentido y un por qué, por jodido que sea; que es lícito ser y sentirse lo que uno es, y que de aquí siempre hay mucho de lo que aprender.

En este segundo grupo está Tato.

Una persona tan normal que es excepcional, con quien he tenido la enorme suerte de que la vida nos cruzara, y por quien siento una admiración enorme, aún sin compartir algunos de sus principios.

Es un luchador, es un vehemente defensor de los derechos del colectivo LGTBI+, una cara destapada que se visibiliza para poner por delante los VALORES y las PERSONAS antes que cualquier otra cosa.

Conectamos muy bien desde que nos presentaron la primera vez, tan solo hace un par de años, y es de esas personas con las que sientes una conexión especial, como si te conocieras de toda la vida.

Transmite algo con la mirada, con su energía vital, con sus palabras, con sus gestos. Pura vitalidad, entusiasmo, intensidad… es de esa gente que te mueve por dentro.

Pero al margen de todo lo que pueda pensar de él a nivel personal como amigo, ayer me dejó, si cabe, más sorprendida, por una publicación suya en Facebook.

Así, a pecho descubierto, sin reparos, sin remilgos, sin historias ni flotiruras, con la mayor normalidad del mundo, comparte esto, tan absolutamente íntimo e importante.

Os lo traduzco porque está en catalán:

«Una semana como esta, pero hace 40 años, me dieron la noticia de estar INFECTADO por VIH.
Aunque para mi fue un golpe tremendamente fuerte, me ha servido para aprender a vivir cada momento con toda la energía e intensidad. Poniendo siempre por delante la humildad, la generosidad y sobre todo el amor a todas las cosas y personas que he tenido cerca. Si tuviera otra vida donde poder escoger, pediría ser infectado de nuevo.
TODO HA VALIDO LA PENA»

Para él escribir esto «no es para tanto», me dice,

«pero si ayuda a alguien a sufrir un poco menos, ya habrá valido la pena»

No sé a vosotros, pero a mi me ha impactado sobremanera.

Aunque evidentemente no estamos en los terribles 80 y 90 donde esta situación (no hablo sólo de la enfermedad en sí) era lapidaria por todo lo que suponía a nivel social, sí que es cierto que se escucha poco hablar con normalidad de ello. Todavía quedan muchos vestigios de miedos y prejuicios que nos hacen peores humanos.

Y la base de todo, bajo mi punto de vista, es una enorme ignorancia y terror al conocimiento verdadero.

Porque el saber nos puede «despertar» y eso es algo a lo que no todo el mundo está dispuesto.

Sin embargo con manifestaciones como esta, de gente normal, con vivencias normales, tienes un encontronazo con la realidad, con verdades que no tendría que ser «noticia», y son las cosas que a mi me dan mucho para pensar.

Me descubre que todo lo que escondemos, amagamos, no verbalizamos ni expresamos por ese MIEDO ATÁVICO al qué dirán, al sentirnos diferentes, al creernos juzgados, valorados, apartados, no hace si no REFORZAR esas actitudes de los AUTÉNTICOS COBARDES que son los que se regodean, y generan, con efecto multiplicador, en esos comportamientos.

Me hace pensar tantas situaciones tan dramáticas, tristes, lamentables, que surgen por no ser capaz de mostrarnos tal cual somos, con lo que tenemos y sentimos, por ese terrible «qué dirán» que dilapida vidas.

Esos momentos por los que todos pasamos (o pasaremos, pero creo que ya tenemos una edad por aquí) y que eran totalmente evitables.

Pero ocurrieron.

Y dejaron herida.

Me hace sentir una pena muy profunda por tanto sufrimiento, propio y ajeno, originado por que la especie humana está tan falta de referentes y referencias para poder crecer en una libertad sana, en una alegría y aceptación de lo «diferente», lejos de las envidias, los tabúes y los prejuicios.

Falta muchísima educación desde la infancia, porque desde niños se nos arrebata esa inocencia tan necesaria para vivir de una forma mucho más tranquila y en paz.

Gente como Tato me da una bofetada en la cara de realidad.

Y de agradecimiento.

Y como comenté, lo digo aquí también «ojalá la vida me infectara de mucha más gente como tu»

GRACIAS TATO, DE CORAZÓN.

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