63. Mis problemas de sobrepeso
Toda mi vida he cargado con este tema a mis espaldas.
Si nací con 5,5 kg, os podéis imaginar. Una niña gordita (aunque en el cole me llamaban de otra forma menos agradable) y adolescente, y adulta.
Y mira tú, que de mayor, la vida me llevó sin hacer nada a perder todos esos kilos que me pesaban no solo en el cuerpo. Pero no a base de intentarlo con todos los regímenes o métodos existentes, como he probado desde que tengo uso de razón, si no por sufrimiento, pero del emocional.
Porque Hellen cuando lo pasa mal no come helados sin control, si no que se le cierra totalmente la capacidad de ingerir cualquier tipo de comida.
A más hostia que recibo, más adelgazo 😅 Veo fotos de mi vida, y es un común.
Más oronda, más feliz.
Más esmirriada, aquí hubo crisis.
No falla.…
Hasta en esto voy al revés de “lo normal”. Cuando toca pasarlas putas, aumenta la “autodestrucción”: los gorditos engordan, los flaquitos adelgazan.
Pues no. Hellen no 😅
El caso es que tras el último tsunami, que fue muy potente, así más o menos me quedé, en una talla impensable, en algunos momentos hasta demasiado poco para mi. Y ahora que llevo ya unos años estable, algo he ganado y me he quedado en la media, pero no como “antes de”.
Peeeerooooo, me persiguen los problemas del sobrepeso.
Y acabo de pasar un momento de los que te cagas en todo, por este motivo. Demasiados kilos de más.
No en mi, no.
En mi equipaje.
Que no aprendo.
Que da igual lo que viaje.
Que mira que puedo vivir con poco y no me entero…
Que nada, que no hay manera; me matan los “por si acaso”, los “y si” los “prefiero llevar más y poder elegir”, “seguro que a alguien le salvo de un apuro si subo un extra de…”, “total, tampoco pesa mucho” “mejor que sobre que no falte”
Y luego ya llegan las compras.
Que ya no traigo regalos a todo quisqui como acostumbraba, ni “pongos” de esos que acaban en una caja amontonados… No, ahora lo que compro es pensado, meditado y apetecido. Para decorar mi casa o decorarme yo.
Y lo valoro, y me encanta, y ayuda a mi memoria de pez a recordar ese lugar, ese momento, esas personas, esas experiencias, esas sensaciones que se vinculan para siempre a un objeto y le dan mucho significado.
Pero aún así, pesan.
Y cargo como una mula.
Y llevo mucho más de lo comprensible.
Y hoy, en el aeropuerto, arrastrando, cargando y peleando con los kilos de más, -los del equipaje-, me preguntaba si no tendrá todo esto algo que decirme.
¿Será que Hellen necesita “carga” extra para sentirse bien?
¿Que tiendo a ponerme en la espalda más de lo necesario?
¿Que me echo encima pesos que no son míos, ni los necesito, ni aportan demasiado?
¿Que inconscientemente busco el no poder salir corriendo por imposibilidad de carga?
¿Que aunque puedo perfectamente, me resisto al vivir ligero?
Hablo de lo personal y emocional, siempre hay que preguntarse por estas cosas.
No se.
Quizá le dé una pensada.
Mientras tanto, a seguir cargando.
A ver si para el siguiente me redimo.
PD1
Lo que me reconforta es que en los viajes, haga sol, lluvia o nieve, preparada voy y tengo «para todo». Y si alguien necesita algo, casi, casi seguro que Hellen lo soluciona porque lleva de sobra. 🤣
PD 2
Sí, es cierto. El minimalismo y yo no vamos mucho de la mano. Puedo pasar con lo super mínimo, lo sé, lo he vivido y demostrado. Pero si no es necesario ni obligado… pues no lo hago.
Cada cual es como es…