El elefante que sabía dónde tenía que ir
Fue este mes de enero, en Tailandia. Si recordáis, hablé (escribí) de la increíble experiencia en el santuario de elefantes ( AQUÍ podeis verlo)
Son alucinantes estos animales, y tienen una inteligencia que daría mucho que pensar.
El caso es que hubo otro elefante, no tan inteligente, pero con las ideas muy claras, que me fue «manipulando» durante 2 días en Chiang Mai, y he tardado casi dos meses en saber lo que quería.
Lo cuento, que tiene historia.
Ayer fui a comer a Las Casas de Alcanar con unos amigos que se acaban de trasladar a vivir ahí.
Estoy feliz de la vida de tenerles tan cerquita, son esa gente vitamina con la que me encanta compartir, tenemos mucho en común y el mismo Chatico al que ayer reñía, hace tiempo nos sacó una imagen de flipar de los 3, con nuestros perros (que ya no están ninguno, ni Koke ni Ares), nuestras características más únicas e incluso fisonomía clavada (sin mandarle foto, solo por lo que describimos) y nos bautizó como «El trío Cósmico».
Un poco cósmicos, si somos, sí… jajajaja.
Bueno, da igual. El caso, que estrenaban casa, llevan muy pocos días, y ademas de la botellita de vino para celebrarlo quería regalarles algo especial para su nueva morada.
Pensé en comprar algo, pero entre que el tiempo se me come y que tampoco son muy materialistas, no sabía bien por donde tirar.
Me puse a dar vueltas por la casa y pensar, para buscar algo «especial».
Y de repente, ahí estaba.
En la estantería de mi abuelo, en la balda del mar de mi madre.
Un elefante de madera, con la trompa muuuuuuuy arriba.
¡Ajá! Así que eso es lo que querías ¿¿verdad???
Fue la leche, el elefante este. El primer día que fui de mercadillo, al principio de todo, de los primeros puestos lo ví. Ahí estaba, mirándome. Me llamó mucho la atencion, lo toqué… y dije… Hellen, controla, que queda muuuuuucho mercado, no empieces antes de hora. Asi que ahí lo dejé, porque ademas ahora antes de comprar algo, me doy tiempo para pensarlo, y si sigo dando vueltas, es que si.
Y así fue. No me lo quitaba de la cabeza. Esos mercados son un infinito mundo de puestos de todo tipo, muchísimas cosas repetidas en mil y un sitios… Sin embargo, este elefante no lo ví más. Era de un artesado, cada uno era diferente, por el color de la madera, y no estaba repetido.
Estuvimos como 3 horas por el mercado, con parada a cenar algo, y luego segui yo sola hasta el final, ya convencida que al volver… iría por el elefante.
La calle es larguísima, y tuve que hacerla toda de vuelta, inevitable pararme en más puestos (lo confieso, me encantan los mercadillos del mundo, me pierdo mirando cosas!!), y ya era tarde, empezaban a cerrar.
¡Mierda! Cuando llegue al principio, por la zona que debería estar… El elefante dichoso, no estaba. Ni rastro. Ni él ni sus compañeros, vamos.
Di un par de vueltas más por si me hubiera despistado… pero nada.
Qué chafada.
En fin. Sería que no tenía que ser.
Pero me fastibiaba, porque… ¡yo seguía pensando en él!… Y eso si que me jode mucho, ¿por qué no lo pillaría en el momento, si de verdad me gustaba?
Bueno, no había mucho más que hacer.
Busque algún otro elefante que me gustara, pero no… no había ninguno así especial. Ademas, en casa tengo uno enorme, casi tamaño perro mastín, que le regalé a mi madre y ha vuelto a mí, así que ¡será por elefante!
Otro de los días que fuimos a otro mercadillo… ¡lo vi! Estaba el hombre con ellos, pero iba con gente y tuve que pasar de largo porque íbamos a derecho a algo con hora. Pero ya tomé referencias. Esta vez no se me escapa, ni el sitio ni la hora, me dije.
A pesar de eso, una vez más, al ir a buscarlo, me costó encontrarlo, pero dí con él. Volví a tenerlo en la mano… y…
Dudé.
Pensé… ummm… ¿¿otro elefante, Hellen? ¿En serio, donde lo vas a poner?
Le dí un par de vueltas, pero finalmente saqué los billetitos para el buen hombre, porque con el follón que me había llevado con el elefantito dichoso, como para no comprarlo ahora.
Así que, conmigo que volvió a España.
Al llegar y sacar todo, lo vi y dije… pssttttt… buenoooo…. ¿y qué hago contigo ahora? Que no se donde ponerte…
Lo paseé por varios sitios de la casa (siempre hago eso para encontrar el lugar exacto de mis cositas) y finalmente lo coloque delante de la enciclopedia del Mar.
Pero lo miraba y sentía que ese no era su sitio, que «no pega aquí».
Y no sabía por qué.
Bueno, ya os imagináis por qué.
Porque su sitio no era mi casa, no era para mi, era para A y E, para su nuevo hogar.
En mi familia el mantra era que cuando uno tiene una casa nueva tienen que regalarte un elefante con la trompa hacia arriba, que será bueno para la casa y para los que viven en ella.
Lo importante es que no vale comprarlo tú, te lo tienen que regalar.
Pues este elefante de Chiang Mai me estuvo «llamando a gritos» desde el puesto del mercadillo para ser el regalo de nuevo hogar de A y E.
Aunque entonces yo no tenía ni la más mínima idea, él tenía su misión, ya había elegido su lugar en el mundo, y yo tan solo fui la «mensajera».
Y es que «el trío Cósmico» creemos mucho en que estas cosas.. son así, porque tienen que ser :))
