No me leas: El origen
Este es un post de los que tienen calado, historia y muchas hormonas de adolescencia.
Y es lo que da origen al tan frecuente «No me leas» que sale en este espacio y todo lo que yo pueda escribir.
Aquí va la historieta.
Son de las que se escriben y recuerdan con mucho cariño, rabia y alguna sonrisa. Casi que de abuelo cebolleta, por el tiempo que ha pasado, pero de las que habría mucho para debatir.
Historias, vida, experiencias, al fin y al cabo.
Madrid, 1985
Colegio San Agustín, frente al Estadio Bernabéu y una tienda de barrio con unas palmeras de chocolate épicas, de esas de un dedo de capa de cacao y un tamaño descomunal que hoy ya no existen más que en el recuerdo de la gente de mi quinta.
La jovencita Hellen aterrizó de casualidad en este nuevo cole (eso quizá sería motivo de otro relato, ummm) para cursar COU y los maravillosos/odiosos 18 años (nací en 1968, os ahorro la operación matemática).
Como buena adolescente que se precie los movimientos de emociones provocados por esas hormonas en absoluta ebullición hacían de las suyas… y de las mías.
En febrero había dejado a Alex, mi primer novio (no, para esto no voy a proporcionar más datos matemáticos), y la primavera me trajo un patito feo al que mi cabezonería convirtió en un guaperillas.
Agustín, ese chico alto, rubio y de ojos azules, así como bastante desgarbado y pésimo estudiante con el que compartí unos meses absolutamente locos, divertidos y propios de esa edad. Fue el total contraste con Alex, con quien había sido todo demasiado formal y antes de hora, me temo.
El descubrimiento de lo que se destapa en esos años de adolescencia/juventud tanto para lo bueno y excitante como para lo malo y decepcionante.
Creo que le llaman crecer y empezar a madurar (poco, porque eso no se acaba nunca…)
El caso es que la típica historia de adolescentes, montados en una Vespino roja (“Gundemara” se llamaba mi moto, y si, era mía, no “del chico”) por las calles de Madrid nos dio muchos momentos de diversión, excitación, gracia y hasta un accidente provocado por un HDP que ni siquiera paró al llevársenos por delante y mandarnos al hospital.
Nada grave, por suerte, pero si un bien susto y el reconocimiento “oficial” de nuestra relación ante nuestros respectivos padres de esa forma tan poco ortodoxa, y que en particular al padre del chico no le hizo ni la más mínima gracia (ahora se le llamaría machista o machirulo extremo, me parece).
A mi rubillo favorito le sentó bien mi compañía; empezó a vestirse guay y dejar de ir encorvado, a creerse guapo (que lo era), divertido y hasta ponerse a estudiar como un cosaco para no perderse el viaje de Fin de Curso a Italia (¡🇮🇹 un clásico de la época!) con su novia y la panda de amigos.
Fue increíble lo que avanzó y recuperó en tan pocos meses, las tardes que nos pasábamos en su casa estudiando de verdad (repito, estudiando de verdad!!) para remontar sus previos desastres académicos.
¡Si es que encima era inteligente y listo, el jodío!
Y pintaba muy bien, porque las notas subían como la espuma, tanto como lo que planeábamos disfrutar en Roma y aledaños….
Pero la vida es muy perra e injusta.
Aunque su mejora ere evidente, tenía que hacer media con todo el curso, y los Agustinos tienen fama de exigentes y prácticamente 100% aprobados en Selectividad.
Por resumirlo: no le dejaban presentarse en junio y para ello, tenía que suspender.
Y para que fuera de peso el tema, un suspenso es poco justificable, así que con sus aprobados y medias peladas, el claustro de profesores decidió torcer la balanza ⚖️ y que acabara con 4 asignaturas suspendidas.
Ahora voy a contar la verdad, también resumida, porque sería (y será) tema de otro escrito/denuncia de como viví una situación que hoy habría sido denunciable y cuyas consecuencias las pagó el pobre chaval.
El suspenso que decantó la balanza, el del profesor que se negó en rotundo a subir unas décimas y aprobarle dando el paso de curso y Selectividad, fue el de Lengua y Literatura, impartida por un cura llamado Crisóstomo (tan horrible nombre como persona que lo llevaba).
Odiaba a Agustín por su relación conmigo (otra historia también bastante detestable, para otro rato…) y a mi no me podía suspender porque yo era de ochos, así que se cebaba en él…
Su cierre en banda a aprobarle decantó por «obligación» al resto del profesorado “no se puede dejar solo un suspenso, así que hay que bajarle nota en otras que tenga más justas”.
Y así le cayeron 4 cates como 4 dagas, desplomándose sobre nuestra cabeza:
- La primera nos decía que el esfuerzo, la motivación y las ganas de superación no se valoran y no tienen recompensa.
- La segunda, que las injusticias son abiertamente confesables (la historia nos la contó un buen profesor) y no evitables ni castigables.
- La tercera, cuando el padre de Agustín, un banquero recto, serio, con poco sentido del humor y menos respeto por su hijo, a quien yo no debía caerle demasiado bien, le prohibió venir al viaje por los suspensos.
- La cuarta porque este fin de colegio y fin de etapa tan emotivos de por si, añadía un fin abrupto a nuestra relación, ya que yo tras el viaje a Italia me trasladaba a Jaca donde mis familia se acababa de mudar y comenzaría estudios en Zaragoza. Las relaciones a distancia entonces y a esa edad, no eran un futuro factible, haciendo añicos nuestro sueño de despedirnos por todo lo alto disfrutando, bailando y cantando en la bella Italia al ritmo de los Hombres G y su “Venecia” que justo era número 1 de los 40 Principales en el momento.
Los alumnos de COU son los protagonistas de las fiestas de Fin de Curso del año por su despedida de la edad escolar y la revista del cole se dedicaba por entero a nosotros. Fue en esa revista donde mi Agustín, que no escribía especialmente bien, envió un texto que publicaron de forma destacada supongo que porque transmitía y expresaba emociones, sentimientos y verdades que nos pusieron a todos los pelos de punta.
Yo tenía algún protagonismo, algo velado pero perfectamente entendible, en alguna de esas líneas, y las lágrimas podrían seguir brotando hoy en día.
El título de ese texto era “No me leas”.
Desde entonces, siempre supe que ese sería el título de mi libro, si alguna vez lo escribía, y como eso no ha sucedido… este blog es lo más parecido a ello.
Agustín, no tengo ni idea que será tu vida, nos perdimos la pista 2 o 3 años después de acabar COU, pero si alguna vez llegaras aquí, ya lo sabes… “no me leas”
Va por ti.
… Y por todos esos primeros amores de juventud truncados cada cual por su historia particular que seguro os he hecho revivir