Viajar NO es para todos
Este es el texto que posiblemente no debería escribir alguien que vive viajando, tiene una empresa de viajes y cuyo trabajo es hacer viajar a la gente…
Sin embargo, es el texto que llevo mucho tiempo en la cabeza y que, precisamente en un avión, de viaje, me dispongo a esc…upir (¿escribir?)
Viajar es maravilloso. Amplía la mente, abre el espíritu, ensancha el alma….
Potencia el conocimiento de uno mismo, enseña a descubrir a los demás, re-estructura las relaciones interpersonales y con el planeta.
Viajar abre los ojos a otras realidades, es sanador, es alentador, es motivador.
Viajar últimamente está de moda, gusta, queda bien, se fomenta, se presume, se planea, se habla….
¡Ah, viajar! ¿quién no ha oído lo bueno que es?
Personalmente no me canso de hacerlo, y cualquiera que me conozca mínimamente sabe que mi vida parece un “proyecto de viaje” y con tremenda facilidad acabo subida a un avión, embarcada en los más diversos tipos de embarcaciones, poniendo kilómetros bajo mis pies….
Podría explayarme hasta el infinito poniendo palabras a lo que lleva siendo una vida de aquí allá, pero no voy a hacerlo, primero, porque de las bondades de viajar ya hay mucho escrito, y segundo, porque no es este el objetivo de esta reflexión.
Y es que, siendo todo lo anterior una gran verdad, también hay sombras detrás del “viajar”.
O mejor dicho, viajar puede sacar las sombras de las personas, o si perfilamos aún más….
Viajar no es para todos.
O al menos, no todos las personas pueden hacer todos los viajes.
Dejarme explicarme, aunque vaya en contra a mi propio medio de vida.
Viajar es maravilloso, sí, pero puede ser un infierno.
Y, aunque la mayoría de las veces son factores ajenos a uno los que te pueden derivar a uno u otro lado de la delgada línea que lo separa, mucho depende de la actitud de cada cual. De hecho, en demasiados casos no es si no uno mismo el que salta de una banda a otra con una asombrosa facilidad. Al margen de situaciones realmente graves, serias e importantes (básicamente las que no se pueden solucionar con dinero), el estar en el lado del disfrute o de la amargura, yo diría que es un 99% decisión personal.
Y por eso, mucha gente no debería viajar.
Hoy en día en que viajar se ha puesto de moda, hay dos conflictos que se chocan.
Por una parte, todos estos blogger, travellers, influencers y demás “ers” que pueblan la red y que aspiran a vivir del cuento viajando a costa de otros (perdón, pero se ve cada cosa….) hacen que sólo se vea esta visión tan idílica de ir por el mundo (evidente, si lo pintaran feo, nadie les seguiría ni les patrocinaría).
Por el otro, es tremendamente fácil hoy en día coger un avión, reservar un vuelo y saltar a cualquier lugar lejos de casa…
Así que, entre uno y otro se ha llegado al “soy viajero” en un tris.
Pero lo cierto es que entre ambos está esa tierra de nadie que es la diferencia entre lo “idealizado” y la “realidad”.
Está ese aprendizaje, esa experiencia, ese llevar dentro unas formas de ir por la vida que en este país que es España (y muchos otros, pero hablo del mío) no tenemos, y se ha pasado de ser uno de los países donde menos se viajaba del mundo (hablamos de un rango de lugares, occidentalismo, para entendernos) al lugar donde TODO EL MUNDO ES EXPERTO EN VIAJES.
Yo siempre pongo el mismo ejemplo….
Llevo toda la vida conduciendo (desde los 18 años con coche, ya son unos cuantos), pero no por ello me considero experta en automoción….
Pues algo así pasa con esto, por mucho que hayas puesto chinchetas a troche y moche en ese mapamundi que tienes en casa, no significa que seas viajero….
O al menos, que seas buen viajero 😉
Por la experiencia de los años en Viajarsolo.com (desde el 2002), todos los que trabajamos aquí, tenemos claro algo: cuando un viaje tiene algún tipo de incidente al principio (llámese retraso aéreo, pérdida de maletas, falta de guías… o lo que sea), estamos ante un preocupante porcentaje de posibilidades de que la escala de valoración negativa se incremente potencialmente.
Es sorprendente como un mismo viaje, con los mismos elementos (meteorología, personal, condiciones…. Etc) varía en sus valoraciones de una semana a otra, simplemente por que en un caso todo ha ido bien al principio, y en el otro ocurre cualquier nimiedad, o porque hay alguien o algo que ha convertido lo mismo en algo muy diferente.
Por este motivo intentamos por todos los medios que las llegadas sean suaves, que haya algún tipo de cortahielos, que se pueda descansar….
Pero nadie puede evitar lo inevitable.
Y aquí vendría el meollo del tema. Las incidencias, las “cosas que pasan”, son el pan de cada día de todo el que se aventura a salir con una maleta, aunque sea a una manzana de su casa. ¡¡Lo realmente raro es que no pase nada!!
Simplemente con echar un ojo al mapa mundial de los vuelos (o quédate en el de tu país, que es ya suficientemente flipante) uno se da cuenta que el mundo de las probabilidades choca totalmente de frente con la estadística en cuanto a “movimiento de aviones/pasajeros/maletas – incidencias”. Cada vez que estoy en un aeropuerto y veo el trasiego de maletas, gentes y personal admiro una y otra vez el increíble funcionamiento de este sistema que nos transporta de un lugar a otro.
Si, señores, los incidentes, pasan, las cosas ocurren…. Puedes tener un retraso, perder el siguiente vuelo, tener que correr o pasar una noche no contemplada en un hotel de aeropuerto o en una incómoda silla de una terminal. Puedes llegar a tu destino y que no aparezca tu equipaje, que te roben la cartera, que pierdas el pasaporte, que te tuerzas un pie o te de asco el lugar al que has llegado. Todo eso puede pasar…. Y pasa.
Pero, sólo los que están dispuestos a aceptar eso como parte del viaje, deberían salir, porque si no, realmente, es una amargura, una desolación, una decepción, un enfado y una frustración tremendas. Y lo peor, no es todo eso, que ya es de por sí bastante negativo, sino que todas esas sensaciones son TERRIBLEMENTE CONTAGIOSAS, se extienden a los de al lado con una facilidad pasmosa, y de pronto, si no hay alguien que realmente esté inmune o sepa cortarlo con facilidad, la infección penetra hasta lo más hondo…. Y señores, señoras…. Tengo que decirles, que una vez pasa esto, es difícil, tremendamente difícil, que desaparezca y se pase L
En el otro extremo de la balanza, tenemos cientos de casos en los que han pasado cosas, y basta con “dormirlo” (ir a descansar y mañana será otro día), o hacer de esponja a los comentarios positivos y refuerzos que se reciben, todo cambia. He visto como al llegar a un viaje, cansados, alguien ha perdido una maleta (bueno, mejor dicho, la ha perdido la aerolínea y no se ha recibido) y de repente el mundo ideal se ha caído encima, todo es feo y malo, los nervios se alteran y se pasan incluso a los gritos y a la mañana siguiente, la sonrisa y aceptación han ganado la batalla, y esa persona, ha estado todo un viaje sin su equipaje, ha ido de prestado y bromea con el lavado de calzoncillos diario y las diferentes tallas de las adquisiciones.
En un caso exacto, la persona se ha levantado con el ceño aún más fruncido, los ojos achinados por la ira y el gesto retorcido. La semana ha sido un infierno, el viaje una mierda, todo apesta…. Y si ha habido suerte y no ha contagiado al resto con su mal humor, todo va bien… pero no siempre pasa así, y la tostada caída del lado de la mermelada, ha dejado ya todo pringoso.
Estamos cansados de verlo en la agencia.
Cada año miles de clientes confían en nosotros lo más sagrado de la triste vida del humano de hoy en día: sus escasas y recortadas vacaciones.
Cada año miles de personas son felices y disfrutan, y vuelven soñando en sus próximos días de asueto.
Pero cada año, invariablemente, nos encontramos con ese otro grupo de personas (afortunadamente pequeño y una ínfima proporción) que han SUFRIDO durante el periodo sagrado, que SE HAN ENFADADO en su viaje, que HAN JURADO en todos los idiomas conocidos y desconocidos, que han DESTROZADO sus vacaciones y las de los que estaban alrededor y que, generalmente, han culpado, culpan y culparán al agente de viajes, a las aerolíneas y a todos los profesionales del turismo de sus desgracias….
Y OJO que no digo que no tengan razón, que muchas veces las cosas pasan “por culpa” de unos u otros, son demasiados los componentes del enorme entramado que es “un viaje” como para que todo vaya perfecto, pero incluso así, incluso siendo “culpa” (más bien diría causa) de otros, es al final y en definitiva, la actitud propia la que hace desplomarse hacia el lado equivocado.
No pretendo eludir las responsabilidades que sin duda tenemos todos los que formamos parte de este universo del viaje, y personalmente creo que desde mi empresa, cuando ha ocurrido cosas que realmente eran nuestra culpa o de nuestros colaboradores, cuando hemos visto que nuestra implicación era necesaria, cuando te das cuenta que algo está fallando y que los viajeros DEBEN disfrutar de su viaje en todas sus expectativas, nos hemos dejado en alma en poner soluciones, proponer alternativas, y en el peor de los casos, cuando ya no se podía arreglar nada in situ, compensar y enmendar.
Pero no son estos los casos que nos preocupan, porque al final como he dicho más arriba, todo esto es dinero (directo o indirecto).
Los que nos alteran y afectan son aquellos en los que ves que la gente no disfruta (o se empeña en hacerte creer que no lo hace, que de todo hay), que poco a poco va envenenando todo lo que toca a su alrededor, y se crea una oleada de infección que ya poca cura tiene. Esos casos en los que todos (o a quienes han pagado) somos culpables hasta de la muerte de Kennedy y, hagas lo que hagas, digas lo que digas, actúes como actúes, estás crucificado, y sobre tus espaldas cae el enorme peso del “vamos a difundir todo esto en las REDES”
¡¡Ah “las redes”!! ¡Esa nueva arma arrojadiza de destrucción masiva!! Tan útil como canalla, según las manos y el uso que se haga de ellas.
Sin embargo, los profesionales no podemos “usar las redes”…
No podemos poner en nuestros muros o en el de fulatino que su actitud está rompiendo un grupo, que su rabia está cegando la realidad, que su inconformismo al final es retroactivo….
No, no todos pueden, ni deben viajar. No puede viajar aquel que no está dispuesto a aceptar que pasen cosas no calculadas, a que el “programa” no se cumpla, a que la realidad de un destino no se ajuste a lo que cada cual se ha formado en su imaginario, a quien no es capaz de sorprenderse, de admirar, de reconocer, de valorar, de disfrutar….
Esto debería enseñarse en los colegios, porque a veces el golpe con la realidad es duro, y el no asumir las propias realidades nos enfrentan a unos demonios muy feos, que fuera de casa, lejos de nuestro ambiente conocido y controlado se vuelven todavía más feos.
Viajar es incómodo, viajar no es placentero, viajar cansa, viajar saca lo que de verdad somos (en lo bueno y en lo malo), viajar nos pone a prueba, viajar nos enfrenta a nuestro yo, viajar nos enseña el verdadero rostro de las personas con las que viajamos, sean o no conocidas, viajar descubre nuestras limitaciones….
¿Por qué se habla tan bien del viajar, entonces?
Porque todo esto puede ser infernal o maravilloso.
Porque viajar, es en el fondo, una experiencia, una vivencia y un encuentro con uno mismo, y por tanto todo lo anterior se transforma en la gloria o en el alvernodependiendo del pie con el que nos hayamos levantado esa mañana 😉
El principal problema que veo ante todo esto es ¿¿cómo sabes quien es apto y quien no para viajar?? Y sobre todo y más difícil, ¿cómo sabe uno que no debe viajar, o por lo menos no a determinados sitios, no en grupo, no con agencias a quienes echar toda la mierda encima? Y aún más complicado ¿¿cómo un agente de viajes puede husmear al que no debe viajar para evitar el salpicado múltiple???? (1) Frustración del viajero 2) Amargura al grupo 3) Culpabilización a los profesionales)?
El que no debe viajar o lleva una mochila demasiado cargada de mal rollo, crea una onda expansiva a su alrededor. Si llegas con la cara amarga, el guía lo percibe y ya no le va a salir dar lo mejor de sí mismo, con lo cual, vas a decir que ese guía es una mierda. Si el idioma no es tu fuerte y te crees que los “habla española” del mundo van a darte clases de filología desprenderás ese recelo, que se va a convertir en un peor entendimiento, comunicación y ganas de relacionarse. Y así en todo. Una rueda tremendamente infinita que no para de rodar, y como las de nieve, hacerse más grande, arrastrando todo en su bajada en picado hasta chocar…. ¿contra quién? ¿contra qué? Y destruir ¿a quién? ¿a qué?
¿Dónde está el punto en que, a iguales condiciones, unas personas valoran algo como maravilloso o bueno y otras como indecente o fraude? ¿Dónde el punto para poder decir que uno es apto o no para viajar, o dejarse orientar por los demás? Todo parte de uno mismo, de nuestro momento particular y de mil universos que conspiran a nuestro alrededor para gozar o sufrir. ¿Cómo hacer para que siempre nos decantemos de la parte del positivismo y la apertura?
No se la respuesta, desgraciadamente.
Solo puedo opinar y desahogarme.
Y esperar a que termine este maldito vuelo, con este vecino que me molesta, esa azafata con el peinado feo, esta luz que me incomoda, este ruido que no me gusta y este viaje que puede ser el peor o el mejor según y como hoy vea la vida….