Tren Ruso en invierno, ruta de las Auroras Boreales

Vuelta a casa después de uno de los viajes más bonitos y especiales que he vivido… Tren de las Auroras Boreales por Rusia.
Con todo el mundo que he recorrido, diréis muchos, pero sí… efectivamente, puedo sorprenderme y de hecho lo hago…. El día que no sea así, supongo que ya estaré muerta 🙂

Un viaje en tren (el mismo que se usa para el Transiberiano en verano) por todos los parajes increíblemente nevados de Rusia, desde Moscú hasta su ciudad más habitada al norte, más allá del Círculo Polar: Murmarsk.

La excusa es ir a buscar las Auroras Boreales. Algo que ya de por sí es alucinante, como he descrito en su propia entrada.

Sin embargo, este viaje, aún sin las Auroras, es realmente fantástico, precioso, maravilloso, diferente, único.

Blancos y verdes que quedan para siempre grabados en la memoria.

Sensaciones, sonidos, olores y recuerdos.

Volveré, sin duda.

Permitidme que me explaye en este post, con el día a día de su recorrido.

Días 0 (llegada) y 1.Moscú

“El tiempo hoy en Moscú es muy bueno, solo 4 grados bajo cero”… 😅😅

Con esta bienvenida de la azafata hemos aterrizado en la Capital rusa, llegado al hotel de la mano del bueno de Andrei, y tras el recibimiento por nuestras guías Yulia y Anastasia, nos ha faltado tiempo para salir a dar la primera vuelta por la ciudad, aprovechando que el hotel , el Marriott, está en el mismísimo centro. Hemos empezado a probar nuestra vestimenta para el frío y ¡a la calle!

La noche Moscovita está totalmente iluminada de miles de luces y todo tipo de adornos que les encantan, pareciera navideño, pero debe ser que aún sigue, y tomando el pulso al tiempo para empezar la adaptación climatológica y llegar a la Plaza Roja y verla así, tan bonita, entre el negro de la noche, el blanco de la nieve, los colores de los leds, ha supuesto un buen comienzo y una sensación muy agradable!!

Ahora a dormir que mañana el día será largo e intenso!!!!

VISITA CULTURAL A MOSCÚ

Blancos y rojos bajo un cielo plomizo que nos ha regalado una buena nevada a mediodía, cubriendo calles y coches de nieve.

Gente por la calle con niños (es sábado), movimiento…

Me ha gustado mucho más que la otra vez que vine, hace casi 7 años… supongo que por ser invierno de verdad, ver a los rusos con sus gorros “rusos” y poca gente, me ha parecido mucho más “autentico”….

Los mismos lugares cambian de aspecto, o quizá nosotros les atribuimos sensaciones diferentes según los momentos, y parece que pega más esta ciudad con frío, moscovitas abrigados y copos de nieve que con calor y agobio de miles de turistas.

La Plaza Roja con poca gente tiene mucho más encanto y terminar el día en el Ballet viendo el Cascanueces ha sido un broche excelente.

De todas formas, esto ha sido el aperitivo, ahora empieza lo emocionante, estamos y listos para ir a la estación y subir a nuestro tren, objetivo de este viaje… chucuuu chuuuuu

 

Bienvenidos al tren!!! ¡¡¡Arrancamos!!!

Comienza la aventura blanca sobre raíles….

Bienvenida con orquesta y oso bailarin, una compita de champán y muchas ganas de descubrir la Rusia más profunda y lejana bajo el enorme manto blanco!!

Nos espera un día entero de tren, más realmente, unas 32 horas, 2.000 km y paradas rápidas, entre 2 y 30 minutos, en las estaciones de las aldeas por las que pasaremos.

He soñado tantos años con este viaje “en tren por Rusia todo nevado” que no se si dormiré esta noche de la emoción, aunque el traqueteo seguro que ayuda bastante…

 

Día 2. El tren

2.000 km (1.905 para ser exactos) por las vías rusas, desde Moscú hasta Apatity, ya en el norte de la península escandinava, en su lado ruso, por supuesto.

Tranquilidad absoluta, disfrutando relajadamente de una jornada de viaje algo diferente…

Años llevaba soñando con esto, simplemente estar sentada en la cabina, con música suave de fondo, un libro o nada en la mano y por la ventana discurriendo esos paisajes “feos y monótonos“ para Elena, la camarera del Tren, pero mágicos para mi.

Blanco.

Tan solo blanco.

Cielo blanco, suelo blanco, y como único contraste, las líneas estilizadas de los troncos de los pinos o abedules en sus caras no cubiertas por la nieve.

Darse cuenta cómo según pasan los kilómetros, la altura de la nieve y la capa de los tejados aumenta considerablemente.

Ríos y lagos totalmente helados, ni un solo rastro de animal, ratos de polvo de nieve levantado por el viento…

Los reflejos oscuros de vías, cables y catenarias, cubiertos de nieve y hielo como si fuera una funda hecha a medida y las casas y estaciones que van salpicando este recorrido, son las únicas notas de color discordante que de cuando en cuando amplían la paleta.

Es increíble…

Es TAN bonito (a mi me lo parece) que no puedes (no puedo!!) dejar de mirar por la ventana mientras fluyen mis pensamientos al ritmo del pasar de los los paisajes a la velocidad que decide el maquinista.

En una de las estaciones, parada rápida del tren, solo 15 minutos en Petrozavodsk, lo justo para bajar, probarnos ¡¡a -16 grados y volver a subir!!!

Pero no es solo contemplar (aunque yo me pasaría 3 días enteros simplemente así… ) 34 horas a bordo dan juego para mucho más: Charlas y conferencias sobre Rusia y la zona donde vamos, comida súper bien elaborada, catas de Vodka con la puesta en práctica de las distintas formas de brindar de los rusos, compartir con nuestros compañeros de tan diversas nacionalidades (Costa Rica, Chile, Letonia, Bélgica, USA, Alemania y por supuesto, el staff, todos rusos), y como postre único un pianista realmente talentoso pese a su juventud (27 años), un virtuoso que nos tiene embelesados con ese acariciar las teclas y esa música increíble que nos regala los oídos. Víktor, un fenómeno!!

Por la noche ya tarde llegamos a Apathity, donde ya nos probamos de verdad con el frío frío…. La estación está de nieve hasta bien arriba, montañas que descubrimos que son coches sepultados y coches totalmente helados. Ya nos acostumbraremos, porque esto es nuestra cotidianeidad durante el resto del viaje, pero de momento, nos deja bastante helados…. en ambos sentidos de la palabra ;))

Día 3. Aldea de Nieve

¿Qué se hace en un lugar donde no hay nada más que nieve, frío y apenas horas de sol prácticamente todo el año??

Pues aprovechar esto mismo para hacer arte y, digo yo que pasar el tiempo.

No había estado nunca en ninguno de estos sitios hechos de nieve y hielo y lo cierto es que me ha sorprendido muy gratamente. Repito lo que digo a menudo, increíble lo que el hombre en su faceta creativa y positiva puede llegar a hacer.

Todo un sistema de túneles, pasillos, habitaciones y espacios donde las paredes están totalmente decoradas con motivos diversos, todo esculpido en la propia nieve y hielo sin más artificios que las luces. Se podría venir cada año, ya que la temática va cambiando…. la de este año era “cuentos, supersticiones, seres mitológicos y leyendas”, y nos encontramos desde una sala completa dedicada al Arca de Noé hasta personajes de la mitología rusa pasando por variantes diversas.

Aparte de la “aldea”, que es el sitio cerrado, al aire libre hay otra exposición de figuras de nieve, donde de nuevo te quitas el sombrero ante el arte de la gente…. los muñecos de nieve ⛄️ de toda la vida han evolucionado hasta límites insospechados!! 😅😅

Pues ale, a disfrutarlo vosotros también, eso si, sin pasar frío, jodííí@s!!!!! 😅😅😅😅

 

Día 4. Laponia Rusa y los Saamis

Una de las particularidades de Laponia, independientemente del país al que pertenezca (Rusia, Finlandia o Noruega) son sus habitantes más auténticos. Son los verdaderos habitantes originarios de esta agreste zona, de los que quedan pocos (en Rusia 2.000) y los que tienen algo que contar de sus costumbres y formas de vida, totalmente dedicada a la naturaleza.

Era el año 2000 cuando estuve por mis padres por Cabo Norte y Laponia Finlandesa y recuerdo perfectamente lo que nos mostraron del estilo de vida de los Saamis, y que hoy he vuelto a recordar. Los mismos Tipis (las tiendas de campaña) cubiertos de pieles, los trineos, los renos…. Hoy nos han mostrado y hablado de ellos, nos han contado de sus supersticiones y creencias, hemos pasado un rato entretenido con sus perros Yuskies, los renos y los conejos que correteaban entre ambos, comido lo que se supone una comida típica Sami (bueno, tampoco era nada tan especial…) y, una vez más, visto como lo más “auténtico y original” se va convirtiendo en un mercado de turistas, aunque aquí sean escasos los que caen… Pero también es la única forma de conocer cómo es/era esta cultura (que ahora por supuesto viven en casas y son como cualquiera… de hecho, en mi mal pensar, dudo que el que nos ha contado todo, muy vestido típicamente, fuera un verdadero Sami, pero le dejaremos el beneficio de la duda :))

Yo he disfrutado como una enana simplemente de estar entre los animales (uno de los perros me ha robado la Gopro para jugar, el jodido, pensaba que era un palo más para enredar!!! 🤣🤣🤣) y en un paisaje realmente abrumador de nieve sin conocimiento, árboles totalmente vencidos por el peso y un paisaje de los que no puedes quitar los ojos de encima porqie te hipnotiza…

Hoy hemos recorrido lo que nos quedaba hasta el norte de todo. En total 4 horas de bus (2 desde Kirovsk hasta la aldea Saami, otras 2 desde ahí hasta Múrmansk), por paisajes para mi de quitar el hipo, no he podido quitar ojo de la ventanilla, todo por carreteras totalmente cubiertas de nieve (menudas ruedas buenas deben llevar porque circulaba como si fuera una autopista!!! ). Si te gusta la nieve como a mi, son latitudes a las que pensar venir, tanta nieve en una extensión tan inmensa de terreno es flipante.

Curioso, eso si, que a pesar de la temperatura (entre -24 y -16) sigue estando blandita y suave y hace crack crack tan característico al pisarla!

 

Día 5. Múrmansk

La mayor ciudad del mundo de latitudes polares. 2 grados por encima del Círculo Polar Ártico, y uno de los principales puertos de la armada rusa, con enorme papel durante la II Guerra Mundial, dado que da acceso al mar de Barens y todo el Ártico y salida a otros mares y océanos.

Hoy es más un puerto de carga, pesca (fundamental aquí) y pasajeros, y amarre del promer Rompehielos Nuclear, el Lenin, que ahora ya no funciona más que esporádicamente y se puede visitar por dentro, guiado por un marinero que te explica todo, algo realmente interesante, sobre todo a los que nos gustan los barcos.

En esta gran cuidad se presume de récords, y también ostentan el de tener el Macdonalds más alto (en cuanto a latitud, se refiere) del mundo, y un monumento al soldado realmente enorme, con la llama ardiendo en memoria de tantos soldados muertos en la guerras, como en otras “ciudades heroicas” rusas como también es esta. Hoy el cielo estaba súper despejado lo que nos ha dado unas vistas increíbles… acompañado de unas punzadas de frío también increíbles, con -24 a -28 grados y sensación térmica de -31. Mejorando la capacidad corporal… todo se resiste, oigan!!

Y cómo procede en un lugar como este, la diversión de la tarde ha venido montando en moto de nieve, algunos probando a pescar bajo el hielo, previo taladro del mismo para llegar al líquido, y yo retozando con los perros Huskies que había alrededor. Todo calentado con un bien vino caliente para templar el cuerpo.

 

Día 6. Tren Múrmansk a San Petesburgo

Y con la sonrisa tonta que permanece de la felicidad de las auroras, volvemos al tren!!!!

Toca disfrutar de otras 30 y pico horas de manto blanco hasta San Petersburgo acompañados del bamboleo, el chucuchu y un grupo genial!

Tenía la impresión que este viaje iba a ser bueno, pero lo cierto está siendo increíblemente bonito!!

#HappyModeOn

 

Días 7 y 8. San Petesburgo y fin de viaje!

Ciudad de obligada visita, y repetida porque no se acaba nunca.

De estos lugares que tienen algo especial y diferente, de hecho todos los zares y zarinas de la historia de Rusa se han encargado de ello.

Molestos con que les llamen “la segunda Venecia” (porque tiene muchos canales) ya que lo de segundones no les va, el objetivo es ser los mejores y los primeros 😉. No se si lo logran, pero indiscutiblemente es una de las ciudades mas bellas no solo de Rusia (la que más), si no de toda Europa. Esto es por supuesto mi modesta y muy particular opinión.

El contraste respecto la otra vez que vine ha sido enorme… Y no es de extrañar, es como dos lugares totalmente diferentes según la estación: entonces era verano y estaba atestada de gente por calles, edificios y canales; ahora, en invierno sin apenas turistas (solo las manadas de chinos -con perdón, pero se comportan como tales…-, celebrando el Año Nuevo Chino), con menos gente por la calle (con el frío los rusos apenas salen), y sin barcos (los canales están totalmente helados, un metro de hielo y encima la nieve…) además de completamente nevada, hacen que parezca otro lugar!!

Eso si, tanta nieve es un pequeño gran caos para la circulación, no todo es tan bonito… tapa y bloquea muchos sitios de aparcamiento, con lo que colapsa las calles, y como ha subido la temperatura, en las aceras y asfalto se va deshaciendo, y el merdé y barrizales que se forman no son pequeños… Andar estos días por las calles es poco menos que una aventura, dan ganas de pedir que saquen las barcas de nuevo, pero para ir por la zona de nieve derretida en charcos enormes…. 🤣🤣

SP tiene muchísimo que ver. Sus calles y avenidas son ya en sí un monumento, franqueadas la mayoría a un lado por canales y al otro por los edificios señoriales, palacetes, iglesias, cúpulas, y casas increíbles todo en colores alegres y vistosos que animan la vista y parece que estas andando por un cuadro.

En verano ir por los canales en los barquitos es una auténtica preciosidad…. pero ahora, con todos los tejados blancos, y los parques y alrededores de los puentes, amén de los propios canales, que impresiona cuando has visto agua y navegado por ellos, es una gozada.

No tiene una historia tan antigua, ya que es relativamente reciente, pero sí densa y concentrada, y no se agota. La famosa iglesia toda forrada de iconos en su interior de la sangre derramada, De San Pedro y San Pablo, el palacio de verano de Catalina, los cientos de puentes cada uno distinto y con personalidad propia, las fortalezas, las antiguas caballerías, las avenidas, los espectáculos, conciertos o ballets en los palacios, teatros o palacetes….

Y si ya hablamos del Hermitage, poco más queda por decir. El palacio de invierno de los Zares, ahora uno de los museos más relevantes del mundo con una concentración de obras de arte tan grande es tan impresionante que se ha calculado que si se pasará tan solo 2 minutos viendo cada una de ellas, se tardaría nada menos que ¡¡¡12 años!!!!! en ver todo el museo!!!

Mires donde mires el arte te inunda y te atrapa, da igual techos que suelos, que paredes, columnas, escaleras, cuadros, esculturas, frescos o vitrinas…. es fascinante!!!

Hasta las comidas y las cenas han sido en edificios históricos y con encanto, debe ser difícil que no lo sean!! 😅😅.

 

 

En fin, es sin duda un fin de viaje que pone el broche perfecto a una ruta tan especial y única, y la promesa es de “volver”…

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